lunes, 6 de noviembre de 2017

LA LUCHA NO HA TERMINADO






Por: Anahi Alurralde Molina*

Voy a comenzar este artículo pensando en Renata, Andrea, Estefanía, Paola y en esas mil mujeres más que hace poco o mucho se practicaron un aborto en la clandestinidad siendo estudiantes, acabando la carrera, siendo madres de ya tres hijos o siendo adolescentes. Me pregunto ¿Qué pensarán hoy que se han ampliado las causales para practicarse un aborto legal y seguro?  ¿Qué sentirán al saber que hoy sus sobrinas, sus hermanas, sus hijas, no tendrán que poner en riesgo su vida por decirle NO a una maternidad no deseada?

Diversas serían las respuestas y segura estoy que la mayoría estarían imbuidas de celebración, y si hay que celebrar, pero sin que eso nos anule la criticidad que requiere este tema en el que la vida y la subjetividad de miles de mujeres bolivianas están en juego. 

¿Qué se ha logrado?

Después de 6 meses de intensas posiciones encontradas, el pasado 28 de septiembre  se ha aprobado el artículo 153 del código penal con el aumento de causales que evita que el aborto sea punible en ciertas circunstancias. Y para el lector o lectora, explicamos lo que implica dichas causales y las reflexiones que guardo de cada una de ellas.

Siempre que sea dentro de las primeras ocho semanas una mujer que sea estudiante podrá abortar, con esto se busca ampliar la protección a mujeres jóvenes, y no es para menos tomando en cuenta que el índice de embarazo juvenil en Bolivia es excesivamente alto. Sin embargo me pregunto  ¿Y si no estudia? No olvidemos que todavía existe abandono escolar femenino con porcentajes bajos, pero que hablan de una realidad. El  6% en secundaria y 2,5% en primaria. ¿Las causas? La feminización de la pobreza y el imperante machismo, entre otras.

Continuamos, bajo la misma condición respecto al tiempo de gestación, cuando sean niñas o adolecentes también podrán acceder a un aborto seguro. Voy a ser incisiva en esto ¿Cómo se va a lograr  que una adolescente sepa que está embarazada antes de las 8 semanas? Menciono y hago hincapié porque soy mujer y pertenezco a esa generación donde no nos enseñaron a conocer nuestro cuerpo, sino a odiarlo y tenerle el suficiente pudor para no dejar de ser una “señorita”. Confío en que en  estos tiempos  si se habla de educación sexual y reproductiva en los colegios, y si aún no se lo hace que se empiece ya.

Seguimos, también podrán  interrumpir  un embarazo las mujeres que tengan a su cargo a personas adultas, discapacitadas o consanguíneos menores. Es decir que cuide a ancianos, a sus padres, a enfermos o a hermanos pequeños, siempre y cuando sean más de uno. Aquí quiero hacer notar cómo  se circunscribe a la mujer en la tarea de los cuidados. La lógica es: Ya se hace cargo de otras personas, bueno entonces está bien que no sea madre. Habrá que preguntarse  ¿Y si su cotidianidad está limitada en otro tipo de trabajos que le requieren considerables horas? O ¿Si sencillamente no tiene tiempo para atender a nadie que no sea a ella?

Continuamos,  se podrá acceder  a un aborto para prevenir un riesgo presente o futuro para la vida de la mujer embarazada.  Un punto verdaderamente obvio, pero necesario para todos y todas aquellas que consideran que la maternidad es sacrificio y que la integridad de la mujer no vale nada.
Por otro lado, tendrán la opción de abortar las mujeres en cuyos embarazos se detecten malformaciones fetales incompatibles con la vida o cuando el embarazo sea consecuencia de reproducción asistida no consentida por la mujer.  

Y como ya estaba estipulado, el aborto no será punible cuando el embarazo sea consecuencia de una violación o incesto. La obviedad de este punto es estridente, sin embargo voy a mencionar algo al respecto para todos aquellos que se rasgan las vestiduras al momento de decir: ¡el aborto sólo debería estar permitido en casos de violación! A todos esos les digo, si apoyan el derecho al aborto sólo en casos de violación, están diciendo que una mujer necesita ser dominada, violada y humillada por un hombre para que merezca el derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

¿La lucha ha terminado?

No, una y otra vez no. Incluso me atrevería a decir que recién ha empezado. Esta ha sido una batalla ganada, el lector o lectora más optimistas se preguntarán ¿Pero Por qué? Les respondo, el oscurantismo que todavía nos persigue como sociedad y que se refleja en los discursos de odio que emiten día a día los sectores conservadores será el principal enemigo a enfrentar.

Y no hablo de elucubraciones mías, no, no, hablo de una realidad cuando representantes de la Iglesia Católica salen campantes a declarar  que “La Iglesia no negociará el tema del aborto y que, cueste lo que cueste, incluyendo la posibilidad de que se lleguen a cerrar los centros de salud de la misma Iglesia, seguirán defendiendo los principios de la vida” Pareciera que no tienen la mínima voluntad de entender que la vida de las mujeres no se negocia, como ellos lo hacen con curas, obispos y cardenales pederastas.

Y por si fuera poco, nos tocará luchar también con la alianza criminal que se ve venir entre Iglesia y Colegio Médico, ambas instituciones con representantes revestidos de doble moral que en nombre de Dios, por un lado lucran con la vida de las mujeres y por otro, ahora pueden dejarlas morir.

Tocará también ser constructoras y constructores de espacios críticos para luchar contra las  cargas prejuiciosas y moralistas que criminalizan a las mujeres que han abortado, hay que desmontarlas y lograr así la despenalización social del aborto. Porque ninguna mujer que aborta es mala y la sociedad tiene que entenderlo.

¿Y ahora qué sigue?

Para las y los legisladores la inminente tarea de ser  rígidos vigilantes de la aplicación de cada una de las causales estipuladas, precautelar que ninguna estudiante, ninguna adolescente, ni ninguna mujer  deba peregrinar y ser sometida a re victimización o criminalización de su decisión de no ser madre.

Para las y los médicos repensarse, dejar a un lado los estigmas y cumplir lo establecido sin lucrar y sin pretender negociar con la vida o con la estabilidad emocional de las mujeres.

Para las y los educadores asumir la responsabilidad de hablar de sexualidad responsable, de llamar a las cosas por su nombre y tener claro que si a las mujeres se les habla de anticoncepción, a los hombres deben hablarles de consentimiento.

Para nosotras seguir firmes en la lucha y trabajar mucho para que en un tiempo no muy lejano, se logre la despenalización total del aborto, no porque a nosotras nos parezca lo correcto, sino porque es lo necesario. Porque no quiero que ni mi hija, (si algún día decido ejercer mi maternidad)  ni la tuya, ni la de nadie tengan que seguir luchando por esto. Porque no quiero que tengan que repetir hasta las lágrimas que la mayor violencia estructural para una mujer es darle a elegir entre ser madre o ir a la cárcel.

Todo eso sigue, todo eso aún queda.

*Feminista y Politóloga

martes, 3 de octubre de 2017

LO JODIDO NO ES EL ABORTO: UNA CRITICA FEMINISTA DE LA REALIDAD








Por: Anahi Alurralde Molina*

Escribir es siempre un reto y más cuando tu relato es de esos que van a incomodar, irritar y por supuesto criticar, pero hace tiempo que se perdió el miedo al juicio social, a ese que sobre todo recae  en  las mujeres.
Voy a hablar de ese tema que durante medio año ha mantenido a todas y todos en constante polémica, discusión, desencuentro y falsos debates sobre dicotomías que en realidad no existen.
Si, voy a hablar del aborto y lo haré desde una perspectiva alejada de justificaciones y explicaciones porque todas éstas ya las hemos dado, las hemos explicado una y otra vez.

Del ser mujer y sus significados.-

Todas las mujeres desde pequeñas somos estructuradas como tales, desde el planteamiento de Simone  De Beaovoir: No se nace mujer, se llega a serlo, en efecto no nacemos mujeres, pero en breve tiempo aprendemos a  serlo. Un conjunto muy complejo de relaciones, de prácticas de vida, de instituciones y de concepciones se articulan para construir el contenido genérico sobre nuestros cuerpos sexuados. Lo primero que aprenden las niñas del ser mujer consiste en ser objeto sexual procreador, mientras que lo que concierne al ser sujeto erótico lo aprendemos de manera tardía y muchas veces en clandestino porque la cultura no reconoce la sexualidad femenina, es más se la ha reprimido y castigado históricamente.

Así, la pasividad que caracteriza esencialmente a la mujer “femenina” es un rasgo que se desarrolla en ella desde los primeros años, sin embargo sería una falacia  pretender que se trata de una circunstancia biológica, ya que en realidad se trata de un destino que le ha sido impuesto por sus círculos más cercanos, por su educadores y por la sociedad en su conjunto.

través de estos discursos dominantes se ha marcado e impuesto la expropiación histórica de nuestros cuerpos y nuestros placeres, y con esto se explica la esquizofrenia conservadora por controlar la sexualidad de las mujeres, por eso gente limitada y funcional al sistema a la hora de satanizar el aborto  osan en hablar de las mujeres y sus “vidas sexuales caóticas y desordenadas”. Develando así su verdadera preocupación, no les importa la “vida”  de nuevos seres, les importa el control dominante sobre el cuerpo y el placer femenino. Lo jodido no es el aborto, lo que les espanta es que la maternidad ya no sea el fin principal de la sexualidad femenina sino el placer, un placer que puede ser ejercido con autonomía y responsabilidad.

Del falso instinto maternal y sus funciones.-

Hablar y analizar la falacia del instinto maternal implica citar a una de las autoras más importantes de la teoría y genealogía feminista, Simone de Beavoir.  Respecto a la construcción sociocultural de dicho instinto, la autora plantea:
“La niña imita a su madre, se identifica con ella, incluso a veces invierte los papeles y le dice: Cuando yo sea grande y tu pequeña. (....) Entonces la muñeca que le entregan, que es suya, no es solamente su doble, es también su hija. Se confía a su muñeca, la educa, afirma su autoridad soberana sobre ella, a veces, le arranca los brazos, la reprende, es decir a través de ella realiza la experiencia subjetiva y de la alienación”

Y aquí no existe ningún instinto maternal innato y misterioso ¿Por qué, se preguntan?

"La niña comprueba que el cuidado de los hijos corresponde a la madre y así se lo enseñan; los relatos oídos, los libros leídos, toda su pequeña existencia se lo confirma. Se la estimula a extasiarse ante aquellas riquezas futuras, le dan muñecas para que ya adopten un aspecto tangible.”

Todas las mujeres hemos tenido una o más muñecas a nuestro “cuidado”, ahora podemos entender que nuestra  "vocación " nos ha sido dictada impresionantemente.
Por eso afirmo que  el instinto maternal es un constructo social y cultural. Se trata de un mito de un supuesto “instinto materno” que se alimenta a través de espacios de adoctrinamiento masivo.

El mito del instinto maternal interviene en el control social de las mujeres, mediante discursos que crean subjetividades para éstas. Y las representaciones sociales en torno a la maternidad se las identifica porque están atravesadas por diferentes instituciones como el Estado, la iglesia, los responsables de salud, los juristas y otros.

Mientras este mito se mantenga intacto y latente, permanecerá también intocable la subordinación de las mujeres, a las que se les niega una identidad por fuera de la función materna.

Como lo dijo ya una autora: El cuerpo de las mujeres es el territorio sobre el cual se ha erigido el patriarcado, si, y esto se comprueba cada día, en cada espacio y en ciertas coyunturas como las de hoy, donde el negarse a ser madre sea cual sea el motivo significa la lapidación social para una mujer.

De la penalización social de una decisión.-

Alejarse de los mandatos impuestos, aprender a dudar de las verdades establecidas, ser escépticas con los mitos ya mencionados y ser constructoras autónomas de nuestras subjetividades todavía tiene un precio y aunque estamos dispuestas a pagarlo, lo denunciamos.

A lo largo de estos meses he identificado que el código penal y el artículo que penaliza con 3 años de cárcel a la mujer que se practique un aborto sin cumplir las causales estipuladas no es tan enemigo y no es tan peligroso como la penalización social que existe en cuanto a los cuerpos de las mujeres se refiere.

 Y se preguntarán a qué tipo de penalización social me refiero, pues a aquella que juzga, recrimina, y castiga a las mujeres que rompen con los designios “divinos” y mandados sociales. 

Estoy consciente de que la decisión de abortar resulta inentendible para muchas mujeres porque trastoca todo el sistema patriarcal en el que hemos sido definidas y formadas. Nosotras que estamos diseñadas naturalmente para ser madres, es incorrecto y hasta desnaturalizado que no deseemos circunscribirnos en las faenas maternales negando nuestros supuestos instintos.  

Lo ideal y lo socialmente aceptado es que toda mujer es una madre en potencia, lo esperado entonces, es que si ha quedado embarazada, cualquiera sea la situación y su contexto ese estado de maternidad es natural en ella y además íntimamente deseado (repetido hasta el cansancio) desde la infancia y lo aceptará tarde o temprano con la naturalidad, la satisfacción y todo el sacrificio que su feminidad aprendida lo demande. 

Porque como ya lo advertía De Beauvoir  “Es precisamente el hijo el que, según la tradición, debe garantizar a la mujer una autonomía concreta que la dispense de abocarse a ningún otro fin (...) el hijo es su alegría y su justificación. Por él se realiza completamente desde el punto de vista sexual y social…”
En nuestra sociedad muchas han cumplido el mandato a cabalidad y hoy son “sacrificadas madres-mujeres” y ahí no es donde radica el problema, merece análisis sí, pero amerita otro artículo, quiero hacer énfasis en que el problema y la injustica social es que pretendan que todas las mujeres cumplamos dicho destino sin desearlo.

Criminalizar nuestra decisión no evitará que el aborto siga existiendo, llamarnos asesinas no cambiará la realidad de cientos de mujeres que día a día libran una batalla íntima entre los dogmas morales aprendidos y los deseos propios para tomar la decisión de interrumpir definitivamente un embarazo.

Denuncio esta penalización social que viene de hombres y mujeres porque nadie, únicamente aquella mujer que pasó por ese suceso en su vida sabe lo que significa o significó ese momento de decisión. Ese instante íntimo y único en el que decides tu vida y lo que pasará en tu cuerpo. Por ello, decir “estoy a favor o en contra” con tanta autoridad como ligereza resulta, una agresión, un atrevimiento  y una violencia indescriptible. 

Denuncio el fanatismo con el que pretenden ser jueces y juezas de vidas ajenas ¿Cómo un hombre, un cuerpo masculino, un otro; o ni aún otra, decidirán sobre mi intimidad?, ¿quién es tan importante u omnipotente para  poner decisiones, emociones,  proyectos de vida,  sueños y frustraciones ajenas  en sus manos? Nadie. Porque es un tema de derechos que involucra el poder, la autoridad para decidir quién tiene derecho a tener derechos y a qué derechos.

Por eso apuntamos a que es imprescindible que cada mujer ejerza libremente con toda la información, la prevención y protección del caso, el más fundamental de sus derechos que es el de decidir sobre su cuerpo, en diálogo íntimo con ella misma.

De las cargas morales a lo real.- 

Mucho se ha hablado sobre los argumentos a favor y en contra de la despenalización del aborto, y valga aclarar al lector y lectora que no existe tal, no se está despenalizando nada, se trata de aumento de causales que es totalmente distinto. Sin embargo no voy a entrar a la argumentación explicita porque como lo dije al principio, este no es un artículo de justificación y de dadiva de permisos para que las mujeres podamos acceder a abortos libres y seguros, es un artículo que pretende llamar a la reflexión crítica de las y los ciudadanos para que abandonen mitos, se despojen de prejuicios y renuncien al papel de jueces que a nadie le corresponde. 

Quiero decirles a los ciudadanos que me leen que el aborto seguirá existiendo aunque no lo quieran ver. Que su penalización no lo elimina, ni lo reduce, lo clandestiniza y eso trae como consecuencia que al año mueran aproximadamente 500 mujeres bolivianas.

Quiero decirles a todos los que representan ese supuesto 80% que se opone a los derechos de las mujeres, que cargados de moralismos insulsos y particularistas, de discursos misóginos que nos deslegitiman no aportan nada y que su argumento de que son la “mayoría” no nos interesa, porque somos conocedoras de que LOS DERECHOS FUNDAMENTALES NO SE PROTEGEN EN FUNCIÓN DE LO QUE PIENSEN LAS MAYORIAS. 

Quiero que mis receptores se pregunten con honestidad si no conocen a mujeres que en algún momento de su vida decidieron optar por un aborto. La conocen, ¿verdad? Ahora piensen en ella o ellas, en su historicidad, en sus luchas, en su vida misma, y pregúntense a ustedes mismos si esa mujer merece ir a la cárcel.

Del opresor que no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los oprimidos.- 

Voy finalizar este escrito con una premisa que me parece pertinente de analizar: ¿Por qué les molesta las mujeres que desobedecen? Porque les recuerdan que ellas están obedeciendo.

Hago alusión a dicha premisa porque en esta coyuntura no sólo se ha revelado la doble moral de nuestra sociedad a la hora de vilipendiar el aborto sino que se han atrevido a desvalorizar y minimizar la lucha feminista que por supuesto ha estado al frente de las trincheras en esta disputa. Y lo alarmante es que la misoginia se ha vestido de mujer para hacerlo. 

Desde los insultos más básicos, hasta artículos vacíos y atiborrados de odio nos han dedicado para deslegitimar una lucha que no es de ahora, sino histórica.  

En su fallido intento de provocarnos y ridiculizarnos han reflejado que le hacen juego al sistema patriarcal, sin siquiera cuestionarlo y lo más peligroso, han demostrado cuán  funcionales son a un discurso histórico que carga siglos de opresión y sometimiento.

Se ha manifestado su enojo y repudio a que las representemos, compañeras les aclaro que lo que nos ha enseñado justamente el feminismo es a autorepresentarnos, nosotras no las representamos en lo absoluto, en todo caso las convocamos a repensarse y cuestionarse, si así quisieran hacerlo, por supuesto. 

A ellas quiero decirles, que considero que se resisten al feminismo porque es una agonía ser totalmente consciente de la brutal misoginia que perpetran la cultura y la sociedad en todas las esferas. Y finalmente necesito precisar: Es cierto que no están obligadas a ser feministas, el feminismo existe justo para que no se les obligue a nada.

*Feminista y Politóloga




jueves, 22 de junio de 2017

EL AMOR ROMÁNTICO COMO JUSTIFICATIVO Y REPRODUCTOR DE VIOLENCIAS






Por: Anahi Alurralde Molina

El tema del que hoy  he decidido hablar, es un tema controversial, delicado, álgido y que incomoda, y claro que va a incomodar en tanto atraviesa  subjetividades y cotidianidades de cada una de nosotras, las mujeres.

Voy a abordar el tema del amor, el amor de pareja, el amor romántico como el justificativo y reproductor de las violencias hacia las mujeres, y si bien en un principio del escrito lo planteé solamente como violencia hacia las mujeres, me he leído y me he corregido ya que es una secuencia de violencias las que se ejercen contra las mujeres en nombre del amor.

Parto de la premisa de que el amor no puede ser tomado como un sentimiento atemporal e inmutable, por el contrario, es fruto de una construcción cultural, social e histórica.

Es común que cuando a una mujer se le pregunta ¿Qué es el amor para ti? Inmediatamente su lenguaje corporal cambia y en la mayoría de los casos, no llega a dar una respuesta exacta porque la pregunta le rebasa las emociones.  Esto  está relacionado con una reflexión que ha sido planteada por algunas autoras, como Marcela Lagarde, cuando evidencia que no es raro, ni es inocuo escuchar la pregunta ¿Para qué estamos las mujeres en este mundo? y la respuesta más frecuente es “para amar”.

El amor ha sido un significante vacío a lo largo de la historia porque se le ha asignado distintos contenidos y sentidos, en tanto es una construcción histórica condicionada por las épocas y las dinámicas sociales emergentes.

En este sentido, el sistema patriarcal para reproducirse y perpetuarse ha creado una moral amorosa  de la cual  emanan mandatos distintos para hombres y mujeres, es decir, para las mujeres el amor es intrínseco de su identidad, por lo cual se convierte en la experiencia que concreta su ser.

Los contenidos del amor son aprendidos de muchas maneras a través de manifestaciones culturales específicas de cada cultura y de cada grupo social, en tanto que cada mujer realiza el amor dependiendo de sus condiciones de vida.

Dentro de una sociedad donde el sistema construye a las mujeres en pos del  ideal supremo de ser  una buena mujer, digna esposa y abnegada madre, cabe preguntarse, qué lugar ocupa el amor en nuestras vidas, en nuestra cotidianidad, en la inversión de nuestro tiempo y nuestra energía. 

Las mujeres son educadas para ser altruistas ante cualquier situación, incluso si ésta va en desmedro de ellas. Es por eso que en la mayoría de los casos,  las relaciones afectivas de pareja  resulten para las mujeres una anulación de su individualidad seguida de la sutil sujeción que anula su autonomía.

 Así el amor de pareja se ha convertido en un mecanismo cultural para controlar a las mujeres, porque en nombre de éste la humillación, la anulación y todos los tipos de violencias son socialmente aceptados como naturales.

Amar por elección y no por necesidad

En Bolivia los índices de violencia contra las mujeres demuestran que el espacio donde  ésta se ejerce en sus diversas manifestaciones  es en el de las relaciones afectivas de pareja. 

El 70% de los casos de violencia extrema contra la mujer, es decir los feminicidios son de tipo íntimo, lo que se demuestra que la construcción de las relaciones íntimas afectivas está en desventaja para las mujeres porque legitima y solapa las violencias contra ellas. Los hombres que un día juraron amarlas fueron los que les arrebataron la vida. Y campantes afirman: La maté porque era mía.

Entonces, esto entra en dialogo directo con lo mencionado anteriormente, y es preciso preguntarnos ¿cómo estamos amando las mujeres? ¿Nos han enseñado acaso que amar sea una renuncia total  a nosotras en términos de autonomía y de amor propio?

Y aún caben más preguntas  ¿Cuál es ese modelo de amor que nos ofrecen y que nos venden las industrias culturales dentro del sistema capitalista?   La respuesta que me atrevo a dar es que este modelo de amor que se vende y con el que colapsan a nuestras subjetividades, está lleno de mitos que impiden que se construyan relaciones basadas en la libertad antes que en la necesidad.

Respecto a estos mitos Carlos Yela  identifica algunos  que configuran nuestras estructuras  sentimentales:
-Mito de la media naranja- Mito de la perdurabilidad- Mito del matrimonio o convivencia- Mito de la omnipotencia- Mito del libre albedrío-Mito del emparejamiento.
Sin embargo sólo me voy a concentrar en uno de ellos: El de la exclusividad

Mito de la exclusividad: Creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por  una única persona.  Este mito es muy potente y tiene que ver con la propiedad privada y el egoísmo humano que siente como propiedades a las personas y sus cuerpos. Y de hecho, este es un mito que sustenta a otro: el de la monogamia como estado ideal de las personas en la sociedad.

Todos estos mitos hechos mandatos son asumidos y  naturalizados  POR LAS MUJERES, y esto se puede entender en base a lo que Alejandra Kollantai denominó la doble moral sexual, que entiende que los hombres tienen derecho a disfrutar de su sexualidad y las mujeres no, porque supuestamente las necesidades sexuales de éstas no son tan fuertes o porque se considera que ellas no deben disponer de su propia sexualidad.

Esta doble moral entiende y sustenta que el adulterio masculino sea naturalizado y más perdonable,  pero a la inversa es imposible, a una mujer no se le perdona la infidelidad, al contrario a ella  se la condena ferozmente y más cruento aún, pero real es escuchar a los feminicidas declarar: La maté porque sentía celos, me quería dejar.

Y para hacer apología de estas dinámicas, ciertos productos culturales se convierten en aliados, por eso tenemos a un Joaquín Sabina, que en sus canciones románticas aparentemente inofensivas  idealizan un tipo de relación sentimental que alberga un fondo  peligrosamente posesivo. (Ejemplo: El estribillo de Contigo)

Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren.

(Canción que canté durante años, antes de escucharla y analizarla con una perspectiva profundamente feminista)

El amor construye no te destruye

En base a Foucault, Largarde afirma  que el cuerpo y la sexualidad de las mujeres son un campo político definido, disciplinado  para la producción y para la reproducción, ambos campos construidos como disposiciones sentidas, necesidades femeninas irrenunciables. El cuerpo de las mujeres es un cuerpo sujeto, y ellas encuentran fundamento a su sometimiento en sus cuerpos, sin conocer que su cuerpo  y su sexualidad  son el núcleo de sus poderes.

Entonces, puedo afirmar que uno de los objetivos fundamentales de la dominación patriarcal fue el control y la represión de nuestro sentir corporal y nuestra sexualidad, lo primero que nos han expropiado son nuestros cuerpos y es por eso que en nuestra cultura las mujeres que han disfrutado de su cuerpo y su sexualidad han sido siempre estigmatizadas socialmente como malas mujeres, mujeres de vida alegre, putas o hasta ninfomas  y su figura opuesta o su alter ego son  las buenas mujeres y santas madres.

¿Entonces que se hace ante esto, Anahi?; me pregunto con insistencia. Y lo primero que elucubro es que para  para decir Ni una menos, hay que deconstruir el imaginario del amor.

Aclaro, no estoy en contra del amor, al contrario, hoy estoy enamorada, disfrutando de mis sentires y construyendo lazos,   lo que  cuestiono es la forma en la que nos ha enseñado a amar, mientras sigamos pensando que el amor significa renuncia de una misma y entrega sin límite al otro, vamos a seguir reproduciendo círculos viciosos de dependencia y desde luego de violencias.

Estoy convencida que hablar, reflexionar y cuestionar  sobre este tema, permitirá tomar conciencia de  que, es en y desde las emociones donde se debe librar la verdadera batalla contra el patriarcado, porque lo  que hay que  liberar es lo primero que se nos expropió, el cuerpo y por tanto también liberar las emociones y los sentimientos de las estructuras rígidas y jerárquicas, porque otras formas de amar si son posibles.