miércoles, 24 de mayo de 2017

Crónica de una noche de cánticos románticos que no salvan vidas









 Por : Anahi Alurralde

¡Si a la vida , no al aborto ¡ ¡Esto no es desfile es marcha por la vida!


Estas fueron las consignas que se escucharon ayer por algunas  calles de la ciudad del Illimani.

Mi rumbo coincidió con el grupo que entonaba a viva voz esas consignas. Entonces me tocó ir caminando con ellos, claro desde la acera y de repente, una señora, de manera muy amable me convocó a sumarme , de la misma manera y con respeto , le respondí: Señora yo defiendo la vida de las mujeres vivas.


Después de lo sucedido, me alejé y aceleré el paso.


¿Quién no valora la vida no la merece?


A medida de que me iba acercando a mi destino final, fui frenando mi ritmo y recordé la respuesta que había vertido minutos antes: Señora yo defiendo la vida de las mujeres vivas

Y me di cuenta que mi respuesta fue incompleta.


Me faltó decirle a la amable Señora, que defender la vida de las mujeres, significa considerarlas seres con libertad de pensamiento y decisión, conciencias libres que no necesitan tutelaje alguno. Y por supuesto significa, respetar las decisiones que ellas puedan tomar en cualquier ámbito de su vida, y sobre todo cuando de su cuerpo y destino se trata.


No alcancé a decirle que defender la vida de estas mujeres con una historicidad y subjetividad construidas es defender que su derecho a decidir no les cueste la vida.  


No logré  añadir  que en las salas clandestinas donde mueren dos mujeres cada día al practicarse un aborto, muchas de ellas muren con rosarios en mano, mueren invocando a un Dios que se olvidó de ellas.


Al volver a casa, una vez más me topé con este grupo de personas, ¿mala suerte, casualidad o destino? No lo sé, sin embargo, aproveché para buscar a la señora y completar mi respuesta, la búsqueda fue fallida, no la encontré, lo que si hallé fue un desfile funesto acompañado de autos y grandes parlantes que sólo repetían una y otra vez frases sueltas y etéreas y sin ningún contenido real.


Me detuve a observar detenidamente y una relativa tranquilidad me invadió. ¿Por qué? Porque más de la mitad de los participantes pertenecían a sectas cristianas, católicas etc.,(no es invento mío, sus carteles los identificaban) En todxs  veía un aire sombrío cual fuera la expresión de quien tiene que estar porque eso toca, ese aglutinamiento de gente no expresaba compromiso, libertad ni conciencia del porqué estaban ahí.


Fui caminando intentando encontrar otras consignas, quizá con más contenido crítico y político, vago e inútil intento el mío, no las hallé, pero si descubrí casi al final de este conglomerado, un auto con música y mucha gente entonando, una canción de alabanza a dios, la cantaban, juro que la cantaban y mientras repetían la letra agarraban entre sus manos carteles que decían: "El que no valora la vida no se la merece"


No puedo negar que por un momento me perturbó, sin embargo cuando ya estaba alejada, muy alejada del tumulto, recordé esos tiempos donde el fanatismo católico, en nombre de la Santa Inquisición  persiguió y quemó mujeres por temor a su sabiduría.


Y me pregunté si este grupo de gente pretende perseguir y quemar mujeres,  por rebelarse a asumir maternidades no deseadas, y claro reeditando los tiempos de dicha inquisición, ¿será que ahora  lo harán en nombre de la vida?


Finalmente llegué a casa, y antes de cambiarme, me miré al espejo y me dije lo que muchas otras mujeres en Bolivia y el mundo entero también tienen claro: Nosotras somos las nietas de todas esas sabias mujeres que no pudieron quemar, y hoy ningún desfile cargado de odio hacia nosotras nos amedrenta, sólo nos recuerda que nuestros derechos no se negocian y que ningún cántico cristiano va a resucitar a todas las que hoy ya no están porque con o sin rosarios en mano murieron en una sala clandestina por  y con el silencio social cómplice y la venia del Estado.


Por todas estas razones, anoche dormí más convencida que nunca que el debate que se ha abierto en torno a este tema y sus variables,  se lo debe afrontar alejados de dogmatismos religiosos, de fanatismos, de poses demagógicas y sobre todo  de ilusorias posturas que nos están enfrentando en nombre de un Dios al que intentan darle voz.


Me pregunto si ese Dios quiere muerte, yo creo no, quiere una vida  digna e integra. Una vida que valga la pena ser vivida.










domingo, 21 de mayo de 2017

Decirle NO a la maternidad también es amor.





Por: Anahi Alurralde Molina             
                      

“Ella si decidió tener al bebé. Ella apostó por el amor. Qué amor más grande y puro.”  Estas fueron las frases que se quedaron rondando en mi cabeza hace algunos días, después de leer un artículo, de esos que le dejan sabor a poco a una. 


En estos tiempos hablar de amor requiere de mucha responsabilidad, amplitud, sabiduría y empatías. Y sobre todo cuando de mujeres se trata. 

¿Por qué?


Porque en nuestra cultura uno de los contenidos de género  fundamentales para las mujeres es aprender a ser seres de y para el amor y a definir nuestra existencia en torno a éste y a sus diversas formas.


Y para analizar este tema hay que revisar al amor en clave muy crítica. La visión feminista ha sido pionera en esto y hoy por hoy las mujeres identificamos mejor los discursos tradicionales en torno al él y a nosotras.


 Amar es el principal deber de las mujeres. ¿Qué debemos hacer las mujeres? Debemos ser seres de amor. Y esto como un mandato cultural, no como una opción  porque es el deber ser que culturalmente se nos ha asignado, el deber ser que socialmente ha sido construido en cada mujer.


Y entre uno de los mandatos culturales más fuertes está el amor maternal y aquí encontramos la explicación o el porqué de tanta lapidación a las mujeres que deciden no obedecer este mandato a cabalidad.


Hablar de maternidad implica hablar del instinto maternal, y en este caso de desmitificarlo y develar que este no existe por vocación natural, a este se lo construye. Si, el instinto maternal es una construcción socio cultural. El mito del instinto maternal interviene en el control social de las mujeres. Este mito dictamina que toda mujer debe, necesita y desea ser madre. Y además, éste también tiene como finalidad, mantener el orden social – heterosexual y desde luego, legitimar la esencia femenina, que supuestamente completa a las mujeres.


La maternidad como discurso dominante.-


En estos tiempos no resulta novedoso ni extraño que  muchas mujeres no desean tener hijos. La maternidad no es concebida por ellas como un propósito vital, ni un plan determinado. Hoy las mujeres empiezan a concebir la maternidad como una pregunta existencial, ¿quiero o no quiero ser madre?


Sin embargo todavía imperan los discursos dominantes sobre la realización materna, a cuántas se nos ha repetido hasta el cansancio las siguientes frases: “Ser madre es la mayor y única realización de la mujer” “Cuando eres madre te sientes realizada”.


Como consecuencia de estos mandatos sociales, las maternidades obligatorias producen extrema vulnerabilidad en las mujeres, en relación a los logros personales, como sujetos deseantes y capaces de producir (más allá de reproducir – se) en ámbitos laborales, educativos, profesionales, etc.


Un No a los demás es el primer Si para una misma


Entonces cuando se relaciona el amor “puro” con la decisión de una mujer por ejercer su maternidad, se reafirma que las mujeres son seres del y para el amor, y yo me pregunto: ¿Y el amor hacia una misma? ¿Decidir conscientemente no ejercer una maternidad no planificada, no es una muestra de amor propio?


Decidir autónoma y soberanamente no ser madre  es una muestra de amor y responsabilidad con una misma. La realización de una mujer puede ser mucho más profunda que circunscribirse en las faenas maternales.


En estos tiempos decirle No a un sistema que nos reduce a incubadoras es decirnos Si a nosotras, a nuestros sueños y ese sí, es un amor puro.

miércoles, 19 de abril de 2017

DEL DOLOR A LA RABIA: UNA MUJER QUE RESISTE.




Por: Anahi Alurralde Molina


Las mujeres estamos definidas genéricamente por la obediencia, nos han enseñado que ser obedientes es parte intrínseca de nuestro ser. 


Desde niñas entre todas las cosas que vamos aprendiendo el obedecer está en todo. Porque la ecuación es: mientras más obediente, sumisa y complaciente más queridas y aceptadas vamos a ser. Por esto hoy quiero hablar sobre  la transgresión.  Sobre el desobedecer transgrediendo, y específicamente sobre la transgresión en estos tiempos donde el que mueran mujeres todos los día se ha naturalizado y donde la indolencia y desidia patriarcal se campea en todas las esferas.
  
La transgresión en nosotras adquiere otro contenido y tiene una forma peculiar. La transgresión como método de resistencia, de lucha  y de vida.

¿Y quiénes están transgrediendo?

Esa  nueva generación de mujeres que  ha nacido, esas que  no son más princesas sino guerreras.

Las mujeres que hoy cuestionan e incomodan. Esas que han interpelado  su condición, esas que dudan de todo, esas que no aceptan roles pre establecidos,  esas que no aceptan que nacer mujer implique un futuro prefijado, aquellas que se mueven en contradicciones permanentes y que de ellas construyen  la certeza de que frente a un sistema indolente la única alternativa es la  lucha colectiva y cohesionada.

Por esto hoy estamos con Elvira Gavincha, paceña de 48 años, casada hace 35 y madre de 4 hijos, bueno corrijo, ahora sólo de 3 porque a una se la arrebataron, a una la mataron.

Ella se llamaba María Isabel Pilco, tenía 28 años, hace casi 3 años que ya no está. Y lo único que queda de ella es Gissel, la pequeñita de 4 años que tiene los ojos de su madre , una picardía al sonreír y la mirada a veces perdida y otras llena de intensidad.

Y tal vez se preguntan qué tiene que ver el principio de este escrito: la obediencia y la transgresión con el caso de feminicidio de María Isabel.

Sinceramente yo tampoco  la tengo clara, es que una se sienta escribir y tiene que decidir entre las cosas convencionales, bonitas y las otras, las que tienen rabia e impotencia y definitivamente esta vez me decidí por la segunda opción.

Sin embargo, entre la obediencia, la sumisión, la resistencia, la transgresión y la violencia, la hostilidad e impunidad existe una profunda relación, por lo menos cuando de mujeres se trata.

Estamos en tiempos donde la  exigencia privada o pública de derechos y justicia es interpretada como la expresión de una descompostura o disfunción de las mujeres. Nosotras enfrentamos la crisis de una organización social de géneros cuya impronta es patriarcal y se resiste a transformarse.

Y claro, muchos dirán y dónde se refleja todo esto que afirmo. Me atrevería a decir que en todas las esferas de la vida de una mujer, pero la expresión más contundente y ácida está en la justicia.
El acceso a la justicia de las mujeres sobrevivientes de violencia  o los familiares de víctimas de feminicidio es una asquerosa peregrinación ante la que la indiferencia social es cómplice.

Es en base a esto que es inminente hablar de Elvira Gavincha, una mujer que ha decidido transformar el dolor del feminicidio de su hija en lucha por justicia.

El 3 de noviembre del 2014 María Isabel no resistió más y partió. A ella no la consumió alguna enfermedad mortal, ni tuvo algún accidente fatal, a ella la consumieron los golpes de David Viscarra su asesino. Padre de la pequeña Gissel y con el que compartió años de su vida.

El machismo y la misoginia de David la mataron, y hoy a 3 años de impunidad la familia del feminicida con las mismas expresiones de misoginia y soberbia  intimida a Elvira  para que desista y abandone el caso.

Cada audiencia significan horas de tensión y de reavivar el dolor de toda una familia, porque María Isabel era hija, era hermana, era sobrina, era nieta, era madre y todos la siguen llorando con rabia porque no se ha hecho justicia ¿Cómo pedirles resignación a toda una familia?
No, con la resignación no se hace nada. Con rabia y valor si.

Por eso Elvira a sus 48 años está más firme que cualquiera y eso le revienta al patriarcado y a todos sus dispositivos. Ella no abandonó el caso como quisieran muchos  jueces y fiscales para no tener más trabajo y es eso justamente lo que incomoda, la  perseverancia y  resistencia de una mujer que rechaza el quedarse callada y repudia la sola idea de que la muerte de su hija pueda quedar  impune.

Es evidente la sofisticación actual de las violencias misóginas ejercidas contra las mujeres en las instituciones y en la sociedad, que se agravan por el entrelazamiento de la ilegalidad en la esfera civil, supuestamente regida por el Estado de derecho y la legalidad, con la esfera de la ilegalidad , y con la violencia ejercida desde el Estado.

Y es esta coexistencia la que impulsa y fomenta una cultura proclive a la aceptación y naturalización de  la violencia, fortalece condiciones de tolerancia  a hombres que tienen el poder legítimo de ser violentos y el poder extraordinario de dañar de numerosas maneras a las mujeres, en el extremo de quitarles violentamente la vida. Así como lo hizo David con María Isabel, con la venia de toda una sociedad y sentado en el privilegio de  ser hombre.

Hoy Elvira Gavincha  además de sus roles cotidianos, debe asumir nuevamente el rol de madre con la pequeña Gissel, por más oscuros y grises que estén sus días tiene que tener una sonrisa para ella y claro, debe cubrir la materialidad de su vida y para todo esto se la necesita fuerte, sana y emocionalmente estable, y esto último no se va a lograr hasta que no sienta reparado el daño que le produjeron, reparación que consiste en lograr justicia por el feminicidio de su hija y que el que acabó con sus sueños y su historia cumpla la condena que merece.

Ya son años de agonía  entre memoriales, citas con el abogado, audiencias suspendidas, otras que duran horas y horas en las que una vez más reviven su dolor. Hay audiencias que se la ve  fuerte y decidida otras en las que le gana el dolor y suelta el llanto, un llanto con un peso ya de 3 años, un llanto que se hace cada vez más profundo y que a cualquiera que lo ve o escucha le estremece el cuerpo. Y sé que ella no es la única madre que vive esta agonía, sé que son muchas más, y que en otros casos, es la hermana, la tía o la abuela las que buscan justicia para sus muertas y lo hacen con ese mismo ímpetu y coraje.

Hoy hablo de Elvira porque en todos estos  meses de estar a su lado, conociendo su historia, compartiendo sus sentires, sus miedos, sus pequeñas alegrías comprobé que ella decidió transgredir lo establecido como normal, ella buscó ayuda , buscó apoyo para que el grito por justicia para María Isabel sea unísono  y colectivo. Ella decidió desobedecer y no vivir un juicio en silencio y soledad. Ella decidió transgredir lo convencional y hoy su voz adolorida es protesta y rabia.

Y nosotras decidimos no dejarla sola. Decidimos voluntariamente gritar porque queremos que sepan que estamos presentes, denunciar porque estamos conscientes y protestar las veces que sea necesario porque nos rebelamos ante cualquier mínimo intento de impunidad.

Hace  unos días, el 12 de abril exactamente se llevó a cabo una audiencia más  aunque se instaló con una serie de irregularidades, y con tanta parcialidad con el feminicida que hasta los jueces  se atrevieron a amenazar a Elvira sólo por unos comentarios vertidos fuera de la audiencia .Y más tarde intentaron callarnos a nosotras.

¿Qué pasó , Señores Jueces? 

Tanta indignación les causó que seamos mujeres las que estemos vigilantes a que cumplan sus funciones de manera justa? ¿Tan grande fue su miedo que ordenaron arrestar a una de nosotras por 8 horas?  

Pareciera que los ínclitos  jueces a cargo olvidan que la Constitución Política del Estado garantiza el control social de la sociedad civil organizada. 

Se preguntarán ¿Entonces qué pasó con el arresto?
La fuerza de todas las presentes evitó que detengan a una de las compañeras, porque el grito fue firme: ¡! SI LA DETIENEN A ELLA NOS DETIENEN A TODAS. ¡!

Ese 12 de abril  hemos demostrado que esas guerreras de las que hablaba al principio de este escrito, no nos dejamos solas, nos defendemos entre sí.

Ese 12 de abril hemos demostrado que transformar el dolor del feminicidio en lucha por justicia es posible y que esta lucha debe ser colectiva y desobediente, porque con sumisión y complacencia no se alcanza nada. O quizá si, juicios en silencio donde la impunidad y corrupción se campean a sus anchas y todo queda en las 4 paredes de la sala asignada.

Hoy las mujeres estamos convencidas de que el silencio social las vuelve a matar  y por eso no aceptamos que la amnesia bese nunca nuestras bocas.

Hoy las mujeres hemos decidido tener tolerancia cero ante el olvido. Hoy hemos decidido que la respuesta será feminista y que los "honorables" administradores de justicia lo sepan y piensen dos veces antes de emitir sentencias parcializadas e injustas.

Hoy Elvira y su familia no están solas, estamos con ellas por la memoria de Maria Isabel y todas nuestras muertas, por la pequeña Gissel  y por todos esos hijos e hijas que quedan en la orfandad porque a un macho se le ocurrió arrebatarles a su madre.

Mañana 20 de abril se llevará a cabo una audiencia más, en el mismo lugar, con los mismos jueces y su miseria y estoy segura que las irregularidades no faltarán, pero nosotras tampoco. Y aunque nos  hayan prohibido gritar, vamos a estar ahí más firmes que nunca.

Estaremos ahí en via pública ejerciendo nuestros derechos, estaremos ahí en vía pública para que el señor, la señora que esté transitando no sea indiferente y se entere ,si es que hasta ahora no lo hizo, de que se matan mujeres en la cara de la gente y se las vuelve a matar con el olvido y la impunidad.

No se si Elvira pueda leer este escrito, pero si lo hace le digo que vamos a estar con ella hasta el final, que vamos a seguir acompañándole en su lucha, que es también nuestra. Vamos continuar desobedeciendo las veces que sea necesario para que sepan que ahora ninguna mujer más está sola, que ninguna más tiene que sufrir la agonía en soledad. Que sepan que no estamos indefensas, que estamos en resistencia y que mientras María Isabel y todas nuestras muertas no descansen en paz nosotras tampoco lo haremos.

Y para ti que te diste el tiempo de leer esto, quizá estás diciendo que no es una nueva generación de guerreras la que ha nacido sino que nos hemos vuelto locas, yo te respondo:
En realidad nos hemos vuelto más sabias, más poderosas y jodidamente frenéticas porque hemos tomado conciencia de que ser mujer significa resistir, y bueno quizá si estamos locas, locas de indignación.

Voy a terminar con algo puntual y contundente: ¡Ante la violencia machista, resistencia y defensa feminista, porque si los juicios son machistas no es justicia.

PD.- Para las que todavía piensen que estamos locas les aviso:  ¡Cuidado ¡ las locas contagiamos la fuerza, el coraje, las ganas de luchar y el poder vivir por fin sin miedo.
¿No quieren contagiarse un poquito? Digo,no? Es que nos necesitamos entre todas, porque mañana tú o yo podemos faltar como hoy nos falta Maria Isabel y tantas más.


Ella es Elvira Gavincha, transformando su dolor en lucha.Marcha NIUNAMENOS  del 25 de Noviembre de 2016



martes, 28 de marzo de 2017

SEGUIR VIVAS ES NUESTRA REVOLUCIÓN




Por: Anahi Alurralde Molina

Era viernes y llovía, el ruido estruendoso  de la caldera  no permitía que Ximena y Camila se escuchen claramente.

Habían decidido regalarse todo la tarde y noche sólo para ellas porque fueron muchos meses de distancias involuntarias.

-     ¿Y cómo va el activismo y esas odiseas? – pregunta Camila, mientras retira la caldera de la hornilla.         
         
 -¿Odiseas?  Responde un tanto azorada Ximena,  mientras pone la mesa  
            
 -Y bueno, al final tienes razón, en un país indolente ante las violencias, luchar es toda una odisea.

Ximena y Camila son amigas de colegio, se conocen ya 25 años. Han crecido de la mano, juntas han aprendido lo ácido y dulce de la vida.

Se han conocido y reconocido más de una vez. Después de tantos años de experiencias compartidas, ambas conocen las debilidades y fortalezas, una de la otra. Y una de las fortalezas de su  amistad es la diferencia, si, Ximena y Camila siempre fueron muy distintas.

Una siempre arraigada a las tradiciones, mientras que la otra siempre escapaba de ellas.

Una de ellas con el sueño de formar una familia para ser feliz, la otra inventando nuevas formas de ser y estar en el mundo. En realidad en esas diferencias se ha basado la razón de ser de sus afectos.
Ya estaba todo listo, se sientan y se disponen a empezar una charla de esas con vaivenes y pausas necesarias. Camila, mientras sirve su café, inicia:

 -Sé que no te gustará, hermana pero yo a veces ya no entiendo para qué tanto bochinche si  mucha ya pensamos que la igualdad existe y que si comparamos con décadas pasadas, ahora nosotras somos privilegiadas.

Ximena, mientras da el primer bocado a su tan esperada torta de chocolate, mira a Camila y piensa muy bien lo que va a decir

- ¡Ay hermana!  Hablar de la igualdad puede llevarnos horas y horas, pero sabes que tengo claro? Que la igualdad hoy es una consigna insuficiente.

        - ¿Por qué? arremete, Camila

- Porque nos siguen matando sólo por ser mujeres, Cami

El tono de voz de Ximena intimida un poco a su compañera y se siente un silencio molestoso. No es la primera vez que abordan estos temas, ya están acostumbradas a esos silencios y Camila ya sabe cómo  interrumpirlos.

-Que deliciosa está la  torta que te compre, no? Yo sé que deliras por lo dulce, específicamente por el chocolate, dice entusiasta Camila.

Ximena se sonríe pícaramente  y responde: 

- ¡Verdad, hermana! Sólo tú conoces a cabalidad estos vicios míos. Está deliciosa.

Camila siente ansia de seguir hablando del tema que quedó pendiente, porque ese viernes siente que ha dejado de entender lo que implica el ser mujer. Quiere hablar, necesita hacerlo. Entonces retoma:

- He escuchado que en lo que va del año han muerto como 20 mujeres aproximadamente, no? Yo no    entiendo tanta violencia.

Ximena contesta inmediatamente:

-No se murieron, a esas mujeres las han matado. Hombres que un día dijeron amarlas fueron los que acaban con su vida, con sus sueños, con su historia.

 -Claro, yo sé . Ya hemos hablado de este tema, es feminicidio no?, responde Camila, mientras se dispone a servir su segunda taza de café y después continúa:

 - Y por qué creen que pasa todo eso, hermana. Por qué la crueldad y el ensañamiento con   esas mujeres?

Ximena respira hondo antes de responder, inhala, exhala y lanza la respuesta contundente:

-El ensañamiento es con todas, Cami. Es la respuesta violenta de un sistema ante la mínima señal de autonomía de las mujeres. Las víctimas fueron ellas, pero el mensaje es para todas.

Camila no puede evitar los gestos de susto en su cara y con una voz quebrantada, responde:
- ¡Ay! Así como lo dices, hasta da miedo ser mujer.

Empieza a anochecer y deciden trasladarse al escritorio de Ximena, cogen las tazas, los platillos con toda la repostería que aún sobra y emprenden el traslado.

Ese escritorio se ha convertido en el espacio de creación y de complicidad consigo misma para Ximena, en él se encuentra gran parte de su historia.

- ¿Nuevos cuadros y fotos actuales, no?  exclama, Camila con sorpresa y mucho agrado.
Ximena mientras acomoda las cosas del té en su mesa redonda de madera, responde:

-Si, si he renovado muchas cosas, ya sabes, para mi toda renovación del escritorio simboliza una renovación interna. En esas he estado en el último tiempo.

-La última de sus acciones fue para el día internacional de la mujer, no? pregunta Camila después de haberse acomodado en el sofá junto a su taza de café.

Ximena mientras corta un pedazo más de torta y se acomoda en el piso como acostumbra, responde:
-Si hermana, fue una movida internacional, como 60 países organizados por la rabia hicimos fuerza. Ha sido histórico, después de muchos años el 8 de marzo que no sólo es el día de la mujer, sino de la mujer trabajadora, ha demostrado la potencia de las mujeres organizadas.

-Si, si vi en noticias y en las redes sociales cundían las fotos y comunicados. Entonces las cosas no están tan mal, no? Todas las mujeres a nivel internacional salieron a las calles sin problemas.

De la sonrisa que mostraba el rostro de Ximena al recordar las acciones del 8 de marzo, de repente el rostro se apaga y luce sombrío. Y con un tono de voz apagado, contesta:

 -Cami, sabes que pasó  ese mismo 8 de marzo en Guatemala?

- No, no supe nada. Acciones diferentes? O qué pasó, responde sorprendida Camila.

- Ese miércoles 8 de marzo, mientras en muchos países se entonaba “Somos las nietas de las brujas que no lograron quemar” En Guatemala, si pudieron quemar a 42 niñas, ellas no gozarán de nietas que entonen lo mismo que nosotras pudimos cantar ese día. Esas niñas, Cami, se organizaron  para  denunciar malos tratos,  falta de comida, abusos, violaciones sexuales, intentos de suicidio, e indiferencia de la sociedad ante un albergue abandonado por el Estado  y plagado de miseria humana de sus funcionarios.  

¿Cuál fue el precio  que pagaron por organizarse y denunciar? Morir calcinadas. Ese fue el precio de reclamar que querían soñar  en libertad como las demás niñas en el mundo.

Camila  deja la taza de café en la mesa y mira al piso, desconoce que se dice ante estos casos. ¿Qué se puede decir ante semejante brutalidad?  ¿Preguntar más detalles? No, definitivamente no, se dice Camila a sí misma. Y con voz tibia expresa:

-Me has dejado atónita. No sé qué  responder, momentos atrás te decía que al escucharte hasta me daba miedo ser mujer. Ahora lo confirmo, creo que nacer mujer significa resistir.

Con esa última frase, Ximena recuerda los feminicidios a diario, recuerda a Fabiola, a Ely, a María Isabel, y muchas más que hoy ya no están. Recuerda a la niña de 11 años que fue violada por su cuñado en Santa cruz y que hace días tuvo que parir un bebé producto de esa crueldad cometida sobre su cuerpecito.  También se le viene a la mente la joven alteña, que denunció por acoso sexual a un diplomático de la Embajada de Panamá,” hasta llegó a tocarme partes del cuerpo”, declaró la víctima. Así literal lo recuerda.Intenta no rememorar nada más, emocionalmente le pega muy duro a Ximena, porque es muy denso el historial de todos los tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres a diario.

Después de que el nudo en la garganta pasará, contesta:

- Por eso hemos decidido que luchar debe ser nuestro verbo.

Camila opta por cambiar de tema, a ese que le ha hecho mucho ruido, los últimos días.

-Oye hermana, y respecto a ese tema que ha desatado tanto debate, lo del aborto, sé tu posición, pero que emociones te ha generado, porque en lo que me concierne he sentido de todo.

-¡Uy hermana! Ese tema que tantas cosas ha puesto sobre la mesa. Ya van más de 15 días donde se siente que han vuelto los aparatos de tortura empleados por la Iglesia Católica durante la Santa Inquisición, pero ahora más modernos y disfrazados de “libertad de expresión” En ese entonces lograron imponer la persecución a saberes distintos  y sobre todo a las mujeres a través del miedo, ahora desinforman, alientan al odio y sobre todo nos satanizan por decidir sobre nuestros cuerpos.  Increíble, pero cierto.

Con un tono amigable pero bastante firme, Camila interrumpe:


- Xime, no olvides que estás hablando con una católica, ojo con eso, pues! ,

-Obvio que no lo olvido, hermana. Si fuera así hubiera sido más ácida, responde Ximena con una mirada pícara y con un tono bastante tranquilo. Y continúa:

-A ver, dame vos tu opinión como católica y buena hija de la Iglesia que eres.

-Yo soy católica, pero no anti derechos, hermana.  Es muy distinto. Yo no sé de un dios que castigue y juzgue.

Ximena a modo de estirar un poco las piernas y los brazos, responde:

-Ojalá todas pensaran como tú. ¿Sabes qué es lo que enoja? Que hablen sin propiedad. Están vociferando “No a la despenalización, si a la vida” Cuando aquí no  se está despenalizando nada.  Hablan de la Ley del Aborto, y no es así, no hay ninguna ley, se trata de un artículo del código penal que amplía las causales para acceder a una interrupción del embarazo.

Camila no puede evitar interrumpir:

- ¿Sabes? A mí como católica me molesta que hablen en nombre de todos. Yo puedo tener muchas creencias y ser muy arraigada a ellas, pero eso no significa que en base a éstas sea intransigente con los derechos de los demás.

- Claro, hermana. Y sabes que es lo peor? Que los juicios más cruentos vienen de mujeres.

-  Ahí se aplica lo que me has enseñado, no? la enemistad y competencia entre las mujeres es el primer triunfo del patriarcado, replica Camila  

- Exacto. Es una verdad que toca enfrentar y trabajar, sobre todo en una misma y no es tarea fácil, pero la coherencia debe ser permanente.

Camila nunca ha creído en la solidaridad, o sorodidad como diría Ximena, entre las mujeres, pero ya han sido varias ocasiones en las que ha comprobado que si puede existir-
Ahora vuelve al núcleo del tema:

-  Bueno, pero más allá de creencias y moral, el tema tiene que ver exclusivamente con salud pública, no? 

- El tema tiene que ver principalmente con el derecho a decidir de las mujeres, Cami. ¿Por qué seguir criminalizando nuestro derecho a decir sí o no a la maternidad? , pregunta Ximena.

Camila se concentra y después de pensarlo muy bien, afirma:

- Es que si no podemos ser madres, somos unas estériles inútiles, si lo somos y nos equivocamos, qué malas madres, y si decidimos interrumpir un embarazo, somos asesinas.

¡Vaya juicios que nos tocan¡

Ximena sorprendida, se levanta y mientras empieza a recoger todo, responde:

- Esa respuesta si me sorprende, pero me gusta. ¿Se debe a algo en específico?

-   No, bueno si, responde Camila. – La maternidad hegemónica me está absorbiendo la vida, eso es lo que pasa.

Camila también se levanta y ambas se dirigen a la cocina. Dejan todo en el mesón y Ximena con un tono convencidísimo, se dirige a su compañera:

- Tengo un licorcito por ahí guardado, ¿quieres contarme sobre esa maternidad hegemónica que te absorbe mientras lo tomamos?

 - Es tentadora tu propuesta, hermana. Acepto con todas la de la ley, responde sonriente Camila.

Ese viernes, no fue un día más, ese viernes ambas habían aprendido una vez más, una de la otra.
Camila había entendido que no basta pregonar la igualdad mientras maten mujeres cada 3 días, mientras sigan violando, matando y quemando niñas con permiso del Estado. Definitivamente, no basta.

Ximena comprendió la imperiosa necesidad de la empatía, y quizá entendió que las generalizaciones deben ser repensadas.

Ambas ya en la sala, se acomodan y  antes de continuar con ese  viernes que se regalaron, se miran con el mismo cariño de siempre, una de ellas levanta  la primera copa  y brinda:

- Salud, hermana porque estamos vivas pero no sabemos hasta cuándo.

Con una sonrisa profunda, Ximena reposo  


- Es el brindis más feliz que haré de mucho tiempo. Salud, hermana. Porque seguir vivas es nuestra revolución.